jueves, 25 de febrero de 2010

“Reflexiones del Coronel”



Han pasado algunas horas ya, desde que di la respuesta al mayor Juan de la Cruz Salvo y aún no dejo de pensar en la respuesta de estos jóvenes muchachos. Uno a uno fui preguntándoles si estaban dispuestos a quemar el ultimo cartucho por su patria al mando de un hombre ya cansado por los años. Insistí en hacerles saber que mi decisión estaba ya tomada, pero que consideraba que muchos de ellos aún tenían mucho que dar por nuestra patria. No me sorprendió su respuesta ni por un segundo: “Cuando menos sean nuestras fuerzas, mas animosos debe ser nuestro corazón.”


Me he recostado unos minutos y le he dado por un instante descanso al cuerpo. Los cañoneos que los chilenos han empezado a lanzar sobre la ciudad no cesan, los he ido contando uno a uno y ya van mas de 200. Esto hace que mi mente no deje de pensar en mis hombres. Hace días que los comerciantes nos han negado la carne a falta de pago. Algo de cebada y galletas son el mejor enemigo para el hambre. Tan solo dos divisiones quedan frente a esta plaza al lado del morro, el tiempo se agota y aún no sabemos nada de las fuerzas de Leyva, estamos incomunicados, aunque las ordenes ya las sabemos de antemano: “defender la plaza y eso haremos.”


La patria, mis hijos y los hombres que hoy me acompañan, me han hecho comprender que he adquirido un deber sagrado para con ellos y que deberemos luchar hasta quemar el ultimo cartucho.


He enviado al coronel Belaunde a que se haga apresar al bordo del monitor manco Capac que se encuentra soportando al igual que nosotros los ataques del desigual enemigo. Ataques que como esta fiebre me han venido acompañando durante días y se han hecho ya parte de mi vida.


He recorrido por ultima vez la plaza y he recordado una vez mas a cada jefe el deber para con la patria, aunque cada uno de ellos los conoce de memoria.


El coronel Alfonso Ugarte, me ha demostrado día a día el porque de su presencia en esta guerra, no se que hubiera sido del Perú sin su apoyo; no solo por el amor insoslayable que muestra por este suelo, sino porque todo cuanto de él hay, lo a entregado al Perú.


El Teniente Coronel Roque Saenz Peña me alienta al saber que aún hay esperanza de pueblos hermanos, el nos ha demostrado que esta guerra es para el enemigo la búsqueda de territorio y dinero y para nuestros soldados es el honor y tranquilidad de sus campos y casas, es en nombre de Grau, Pisagua, San Francisco, Tarapacá y Tacna.


He encontrado entre los hombres el mejor de los ánimos frente a esta ultima batalla y es que el recuerdo de Angamos y Tarapacá nos anima a pensar que esta será otra pagina de oro de la historia del Perú. Esos ánimos han ido tapando el frió que la falta de uniformes provoca. El hambre hace mucho ronda por nuestros campos e incluso la tifa que a muchos a vencido antes que el enemigo.


El Perú es y será siempre una patria de esperanza, donde cada hombre tendrá derecho de ser libre, donde cada mujer y niño podrán soñar con la paz de sus hogares, donde los hijos respetaran a sus padres y los padres se deberán a sus hijos. Donde haya un peruano habrá siempre el recuerdo de quienes luchamos por una patria digna y justa, aunque para ello tengamos que quemar el ultimo cartucho. Donde la política de los hombres se rendirán ante el bien de la patria, donde las guerras no se libraran mas que para la defensa del hogar, donde primara el deber antes que la avaricia.


Por fin ha llegado la hora, aya afuera los cerca de 1500 hombres que están a mi mando, esperan impacientes el ataque del ejercito invasor, que de acuerdo a los reportes del ingeniero El more y otros, supera los 6000 hombres. ¡Que viva el Perú!

Ilo, 05 de junio del 2009

26 de mayo

26 de mayo







He tenido frente a mi a el chileno


Y junto a él mi victoria.


He empuñado la bayoneta de mi arma,


Y la he llevado hacia él.






He caído rendido en el desierto


Y he llorado como un hijo a su madre,


Y he amado como una madre a su hijo


Y he llamado a mi patria mi madre.






He de morir mañana,


No sin antes luchar hoy.


Y es que la guerra ha empezado


Y la muerte ya me ha llamado


Pero no he de asistir


Sin antes verte decir


¡Que viva el Perú Carajo!






Tacna, 15.03.05